Soy consciente de que no escribo mucho por aquí. Ya sabéis que me cuesta ponerme a bloggear, pero no por holgazanería sino porque cuando me pongo a hacerlo un anciano espíritu inca toma mi cuerpo y se me pasan las horas diciendo una chorrada tras otra. “Sal de ese cuerpo”. Con todo el respeto hacia los incas, por supuesto.
Vamos, que últimamente en Círculo perfecto o me pongo política con el consiguiente derramamiento de bilis o planto alguna letra de alguna canción, y ya ves tú qué gran aporte a la humanidad. Como si para colgar letras de canciones no estuvieran los Spaces.
Los que me conocéis un poco sabéis que escribo desde noviembre en Blogofriki, y no poco, junto a Worfylon y las intervenciones del equipo de Proyecto 62. ¿Y qué es Proyecto 62? Que lo expliquen ellos, que lo hacen mejor que yo, pero para resumir un equipo de emprendedores con ganas de comerse el mundo de la blogosfera, un equipo del que me siento parte. Es más, el logo de Proyecto 62 es tan bonito que lo mismo en una de esas noches de pintas a las que acostumbro me lo tatúo en el lugar menos apropiado. Quién sabe.
El caso es que Blogofriki es un blog interesante y que he cogido con toda la ilusión del mundo, entrad, os lo pagaré en cervezas, y también es un cajón de sastre desastre en el que meter todas esas inquietudes “raritas” que sabéis que tengo y sin embargo no hacen que me queráis menos, sino que lo hagáis un poco más en la distancia, por si acaso son contagiosas.
Lo bueno que nos trae todo esto es que si os gusta leerme, ahí me podéis leer varias veces a la semana, y que Círculo perfecto pasa a ser un blog completa y absolutamente personal. Si tal cosa se considera beneficiosa, claro. Sigue siendo un blog sin pretensiones, sin publicidad y en el que escribo cuando y de lo que me da la real gana como bien sabéis, pero menos rígido.
Hace cuatro años que empecé en el mundo de los blogs con Círculo Perfecto v.1.0 edición post-adolescencia en Bitácoras. Un momento, ¿cuatro ya? Sí, cuatro. Qué cosas… A lo que iba, en estos cuatro años siempre he tenido la sensación de que a Círculo perfecto le faltaba algo y creo que he encontrado la solución tras la extirpación limpia del palo de fregona que tenía insertado en el recto.
Cuatro años en los que tanto al blog como a mí nos han pasado un montón de cosas. Él pasó de nacer a tener 4 añitos, de Blogger a Bitácoras, y a WordPress (sí, lo borré), y a Blogsome, para finalmente alojarse por su cuenta en Gravitynet. Yo pasé de los 18 a los 22, por el instituto, los primeros trabajos, la universidad y la dura realidad de ser “la becaria”. Él paso del aluvión de categorías a unas temáticas cada vez más cerradas. Yo pasé de los líos pasajeros a meterme en una relación estable. Él descubrió que no por actualizarle menos tenía menos valor para mí. Yo descubrí que las personas que te quieren no te hacen daño sistemáticamente. Él pasó de preocuparse por los enlaces de Technorati, los rankings de Alexa y los gurús de la blogosfera a ser él mismo, ser original y pasar de blogochorradas varias. Yo pasé de prohibir a mi familia buscar mi nombre en Google a ser completamente consciente de que mis padres leen todos los dÃas mis blogs y mi Twitter, y no dejar que me afecte, porque mis padres saben mejor que nadie que soy un desastre de mujer y algo pendenciera. Y vosotros habéis sido testigos de mucho de esto merodeando entre los pocos posts de cada año.
Así que aquí seguimos. Cuatro años más tarde, él es un blog 2.0 y yo una mujer del siglo XXI. Él sigue siendo mi Círculo perfecto y yo su Gellar y esperamos seguir juntos mucho, mucho tiempo. Y si habéis llegado hasta aquí, tenéis derecho a una consumición gratuita.