A mi madre el podólogo le dijo que tenía que llevar zapato bajo y cómodo, para que no le duelan horrores los pies y pueda andar como las personas normales.
M: ¡Mira qué zapatos me he comprado! ¡Son muy bonitos!
(Los cojo, los miro. Son preciosos, finos, tienen un tacón altísimo y son exactamente lo que le prohibió el médico)
A: Son muy bonitos, pero tienen pinta de ser incómodos.
M: ¡Pero son muy bonitos!
A: Sí, pero esto para tu pie…
M: ¡Pero son muy bonitos!
A: ¡Vas a terminar andando sobre muñones!
M: ¡Pero son muy bonitos! (Se marcha, mirando con amor sus zapatos.)
Y ahora ya sabéis lo que es un argumentum ad nauseam.
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