Qué ilusión cuando leí que adaptaban The Walking Dead a una serie de televisión.
Seguía la publicación de este cómic desde hacía tiempo ya y pensé que era el formato perfecto. The Walking Dead no es cómic sobre zombis, hay zombis, sí, pero los protagonistas son los verdaderos muertos vivientes: los supervivientes. Tiene partes lentas y tiene partes en las que todo transcurre tan deprisa que tienes que volver a leer la página para asimilar lo que ha pasado. Por esta razón, una serie, me parecía una gran manera de llevar a la pantalla The Walking Dead; una película habría tenido que quedarse con la sucesión de acción zombi y una serie de animación habría sido demasiado marginal. Cuando dispones de varios episodios, puedes tener tus momentos de introspección y análisis de personajes, y también matanzas gore y persecuciones mortales, hay espacio para todo.
El piloto de The Walking Dead fue impecable, con escenas tan potentes o más que en el cómic. Rick despertándose en un hospital vacío, andando desorientado de camino a casa por un pueblo devastado y muerto, disparando con lágrimas en los ojos a una zombi con sólo medio cuerpo para terminar con su miserable existencia. Y, una imagen que espero que pase a los anales de la historia de la cultura pop: Don’t open, dead inside.

(A partir de aquí, spoilers de los primeros números del cómic y de la temporada y media de The Walking Dead)






